Pues yo estoy sola en la Plaza de las Ejecuciones.
Un sitio francamente lúgubre y tenebroso, casi sin amueblar, excepto por el cadalso que espera a sus próximas víctimas y un tablón de anuncios dónde se indica el día y hora de las futuras ejecuciones que ya están planificadas.
Aquellos de vosotros que estáis condenados deberéis solicitar el indulto al Gobernador a cambio por supuesto de un precio, que desconozco, pero dudo que sea barato. Y siempre a expensas de que se haya levantado con buen pie. Si no lo conseguís, no sobreviviréis a vuestro destino.